Mucho tienen que ver los tatuajes con el descubrimiento del láser respecto a la depilación definitiva que se logró a partir del momento que se empezaron a eliminar tatuajes con la técnica láser y se apreció que en las zonas donde se lanzaba quedaban sin pelo por lo que así comenzó una investigación del avance tecnológico que existe hoy en día con novedosos equipos, diferentes tipos de láser y nuevos sistemas de fotodepilación.
Todo esto resulta bastante paradójico cuando los tatuajes fueron el inicio del descubrimiento y en cambio hoy ya descubierto no se puede realizar la depilación láser en las zonas tatuadas, por lo que primero habría que hacerse la depilación y luego pasado el tiempo el tatuaje.
Si el tatuaje ya existe solo hay dos opciones, bien obviar la zona tatuada o pintarla con un rotulador específico blanco que se usa para proteger también los lunares de las zonas a depilar con láser ya que la luz es atraída por los colores oscuros no por los colores claros como este tipo de rotuladores o los pelos rubios por ejemplo.
Si el tatuaje se realiza después de la depilación y al cabo del tiempo sale vello, no podría retocarse la zona ya tatuada aunque anteriormente se hubiese realizado el láser en la zona ya que no es compatible aunque sea una sola sesión de repaso.
Los tatuajes en su mayoría tienen color negro u oscuro en su totalidad o parte de ella por lo que el efecto del láser al actuar por pigmentación (quemar y eliminar el vello oscuro) lo que haría sería quemar la zona y por tanto la piel, en tatuajes y lunares sería el mismo resultado además como consecuencia a esto existiría riesgo a tener cáncer de piel.
Hablando estéticamente el tatuaje se vería afectado ya que sería como exponerlo al sol muchas horas seguidas y se iría difuminando y adquiriendo otro color más claro, por lo que hay que tener cuidado con todos estos detalles y si se tiene un tatuaje asegurarse que se tapa bien y no va a salir nadie afectado.
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